Patricio Olivera Palacios

Patricio Olivera Palacios

Psicoanalista y psicoterapéuta de familias.

URL del sitio web: http://www.fundacionannao.org

Ha muerto Tato

 

En Agosto de 1975, dejo Argentina y viajo a Madrid para instalarme en España.  Argentina vivía momentos muy complicados y yo también. Una decisión dificil pero firme. Dos días antes había tenido mi última sesión de grupo con Tato, mi analista durante los tres últimos años en Buenos Aires. Fue la sesión de despedida. El no entendía porque quería irme de un lugar como Buenos Aires, tan propicio para el trabajo psicoanalítico. No entendía que dejara aquello, con todo lo que había que hacer allá en lo político, en lo social y en lo individual. No entendía que quisiera instalarme en España, en la España franquista y que durante 40 años había dado la espalda al mundo civilizado y progresista. Yo sabía porque me iba, porqué dejaba mi ciudad de siempre y porque me iba a vivir a Madrid. Yo ya había estado tres años viviendo y trabajando en Madrid. 

Vivir Mata

“Vivir es perjudicial para la salud” (Manuel Alcantara)

Cuando el ser humano nace, irremisiblemente su destino final es la muerte. Cuando el ser vivo emerge de las profundidades de la naturaleza, mas tarde o más temprano , morirá y según las intemperies que le toquen lo hará más pronto o más tarde.  Hasta el día de hoy, no hay ciencia que lo haya impedido, pese a su empeño y a su convencimiento de que un día lo conseguirá. La extinción de las especies durante millones de años, se da y no necesariamente por la acción del  hombre, el malvado depredador. Lo vivo muere.

Cuando el mamífero humano  nace, lo que trae consigo es la vida, pero su estado de indefensión es tan grande, que como no se ocupen de él, alguien, madre, padre o tutor, se muere más  rápido que ligero y no se humaniza sin el otro. ¿Cuál es la tarea?.


En primer lugar, eso, estamos ante una tarea y esta exige acción, ser operativos con el fin de que esa vida se prolongue, sea larga y fecunda y haya merecido la pena haberla vivido.  ¿Cabe hablar de normalidad, salud, enfermedad?. ¿Para qué?,  entiendo que no. Esa vida con la que arribamos al mundo de los vivos, exige ser vivida y en tanto sea así, podemos pensar que mereció la pena, o no.

¿Qué hacer?, segundo punto. La vida, desde el instante uno, es una construcción, se nos deja en algún regazo, 3 kilos de carne sonrosada y palpitante, materia prima de tantísimas posibilidades y a trabajar. ¿El infante o quienes lo acogen?. Todos, el infante el primero, tiene que respirar per se, bombear la sangre, poner el funcionamiento el tracto gastroentérico de la boca hasta el anito. Y por supuesto ese otro  que a modo de ortopedia le va ayudando y enseñando las artes de la vida. ¿En manos de quién?, ah!, esa es la cuestión.

Ante qué estamos, ante la salud, ante la enfermedad..?. Estamos ante la vida y mientras esta palpite, tenemos que trabajar, hacer cosas, inventar respuestas, crear opciones para que esa vida sea atractiva y hagamos que la muerte se pierda, por momentos, en el horizonte. Actualmente y pienso que siempre, hemos estado posicionados como si  la normalidad, lo que llamamos salud es algo dado y que debe funcionar como un coche nuevo y que cuando se para nos sorprende y nos ponemos a buscar soluciones.  Pues no, la salud es una conquista diaria, minuto a minuto, partido a partido, diría Simeone. La Salud no es un ragalo, es un bien que  tenemos de trabajar sin descanso hasta que la implacable muerte nos lleve por delante.

¿Qué hacemos en la Fundación Anna O, en su Centro de Atención  a Mujeres en Crisis “…Por Vivir” ? Pues eso, pretendemos ser una “constructora” de la vida, encontrando respuestas a las innumerable preguntas que nos plantea cada minuto de vida. Pretendemos que la vida sea vivible, que merezca la pena ,que sea creativa y  que nos haga olvidar que la muerte existe.  Sabemos que es una tarea, tarea difícil, permanente y por siempre, pero que merece la pena.
Algo así, tiene que ver con la Salud Mental y también, como no,  con la Salud  Física.

Patricio Olivera Palacios. 8/X/14

Infidelidad o adulterios discretos

Consideraciones a partir del artículo AUDULTERIO de Rosa Montero en El País, del  6/XI/2012.
Ver artículo aquí

Una conocida cronista de El País, nos cuenta el éxito que tiene una empresa en estos tiempos de crisis con el negocio de los “adulterios discretos”,  y reflexiona sobre ese  fenómeno de siempre que es  la infidelidad.  Dice  que nuestro país encabeza el ranking de países que consumen este producto, y cuenta en su cartera de clientes con  800 mil españoles en la red.

Estamos de acuerdo que el adulterio es algo natural, nace de la insatisfacción consustancial del ser humano, hiancia por la que se cuela el deseo. De este modo ni el amor más rutilante llega a colmarnos plenamente, siempre queda un resquicio para algo más. No es necesario para  cruzar la mirada con un otro  que la relación con el partenaire oficial no funcione o padezca de muchos defectos. Siempre seremos fallidos, incompletos y por tanto bien dispuestos para nuevos deseos.  Su puesta en acto dependerá de nuestras decisiones.

¿Esto justifica la infidelidad..?, ¿se trata de una recomendación saludable para mujeres y para hombres..?, ¿es una propuesta más de esta cultura del espectáculo y el entretenimiento como la nombra un nobel español..?, ¿se trata de un divertimento sin mayores consecuencias..?

Toda prohibición alude a deseos, no siempre confesados de los humanos, y nuestra cultura occidental  y cristiana se estructura desde la ley mosaica, en consecuencia, “no desear la mujer de tu prójimo”, una de sus máximas,  está siempre presente en nuestro sello de fábrica. Ocurre que con la convivencia, una vez instaurada la primera ley, la de la prohibición del incesto, los humanos hemos aprendido a buscar acuerdos,  a consensuar,  a renunciar a impulsos y motivaciones individuales, con el fin de articular un mejor entendimiento con el otro. Esto ha supuesto incorporar en nuestras vidas pactos y compromisos serios, con los que hemos alcanzado buenos niveles de respeto por esos otros, nuestros semejantes, se trate de mujeres  o de hombres. Entre ellos encontramos el de la fidelidad.

La sexualidad, al menos en los humanos, no es un ejercicio de “mete y saca”, es bastante más. Mal que nos pese, está íntimamente ligada a nuestras emociones y lo que puede ser un divertimento para unas, puede suponer dolor para el otro. Lo penoso de este articulillo que motiva estas consideraciones, es que la conclusión pasa por la igualdad del porcentaje de infidelidades entre varones y mujeres, con lo que queda abolido el “ñoño mito de la fidelidad femenina”. ¡Al fin nos hemos igualado con los hombres! proclama la periodista.  No importa que esa igualdad pase por actos que degradan o atentan la dignidad  humana pensante, la del sujeto que siente y padece, más allá del género de turno.

Nos sorprende aún más la autora de estas reflexiones cuando se estremece de gozo al enterarse que estos juegos clandestinos mejoran sensiblemente la imagen y la salud de las mujeres, mientras en los hombres el mismo quehacer les empobrece, causándoles nuevas arrugas en su rostro y fuertes culpas en su alma. ¡Bien!, el triunfo de las féminas  es por goleada.

Es posible que podamos comprender que la infidelidad  puede ser una alegría si una o uno la desea, pero de  ningún modo “gratis” para nadie, estemos o no en tiempos de crisis.

Patricio Olivera Palacios Málaga, 7/11/2012.

Pegagogía Feminista, Naturaleza y Cultura

(Respuesta a la carta que Lucrecia Rubio escribe a El País, 30/05/12 enlace a artículo)

Este pequeño artículo acerca del feminismo y los ataques que recibe, me resulto interesante y su tono me gustó. Empieza refiriéndose a los ataques que recibe este movimiento y a la ignorancia de quienes lo hacen. No menciona al hombre como enemigo de la mujer y como causante de esos ataques. Se refiere a la naturaleza de la mujer y afirma que el feminismo no atenta contra la naturaleza de la misma, “niega que exista tal cosa”.

Lo que normalmente se escucha, en esta larga, profunda y fundamental reivindicación de la mujer, es que los hombres son quienes las han sumido en esa condición de madres, cuidadoras e inútiles para todos los demás quehaceres de la vida. Que esa situación de sometimiento, de desvalorización, de falta de reconocimiento en otras actividades que no sean el ejercicio de la maternidad, se debe por el recalcitrante machismo de los hombres.

Ese “normalmente” al que aludía,  (voz de la mayoría social, de administraciones, políticos y medios de todo tipo) convierte esta lucha de la mujer en una guerra contra los hombres, brutales, egoístas, criminales en potencia o en acto. El planteamiento de ésta mujer me gusta porque casi por primera vez, no se apoya en esa barbarie de los varones. Pero también me permite usar y ahondar en un concepto que entiendo fundamental para comprender esta situación de hombres y mujeres. Es el concepto de Naturaleza.

La humanidad en su largo devenir, ha dado pasos de gigante desde la prohibición del incesto, Ley inaugural de la civilización, hasta hoy, para vencer y equilibrar lo que plantea desde siempre la Naturaleza. El macho genitor, una vez consumada la cópula,  abandona a la hembra y va en pos de otra  que lo reclama. Se desentiende inmediatamente de su partenaire sexual y sigue su camino, aquel que le marca la Naturaleza. La hembra, preñada, se prepara para recibir a su cachorro desentendiéndose del macho ocasional y cuando llega el momento del alumbramiento, su cuerpo, antes preparado para albergar a esa criatura hasta el momento del nacimiento, lo está ahora para alimentarlo y cuidarlo. Esta dinámica de la vida de todos los mamíferos, en los que se incluye el ser humano, es desde el origen.

La primera Ley fundamental de la cultura, la prohibición del incesto,  propone hacer uso de un elemento distintivo y diferenciador en la especie humana y que es la palabra, la posibilidad de hacer uso de la simbolización en el encuentro con otro. Se intenta desde ese primer momento inaugural, aparcar el uso de la fuerza, ordenar las pulsiones desatadas, establecer normas que hagan posible una convivencia de otro orden. También en esta tarea, el humano lleva siglos trabajando, pero no solo la mujer, también el hombre.

La figura del padre en su función es un efecto del trabajo de la cultura (la educación). En el resto de los mamíferos, no existe el padre, solo el semental. En nuestra especie sí, resultado de la acción de los hombres, varones y mujeres en el afán de hacer posible una convivencia de otro orden, de considerar al otro, contar con él, de respetarle, de poder organizar una vida conjunta planificada entre los dos. Tanto una como otro, tienen un lugar determinante en este plan de vida conjunta.

Acción de la cultura es que la mujer se haya hecho dueña de su cuerpo desde que existe el control de la natalidad. Ella puede decidir qué hacer con su cuerpo y mucho más, con su vida. Si quiere o no ser madre, si quiere organizar su vida con otros proyectos y esto por fin, lo hace. Actualmente se intenta conciliar el ser madre con un trabajo fuera de la casa. Ya no solo desde colectivos feministas, sino desde actuaciones gubernamentales concretas. Todos, unas y otros, y muchas generaciones, hemos participado en este sorprendente proyecto que es la humanidad.

Estas desigualdades que se denuncian, no viene solo del varón, sino que existen desde la naturaleza y es desde la cultura, que se van consiguiendo ciertas igualdades posibles y que sin ninguna duda, se han conseguido ya, de manera notable. No tengo ninguna duda, la tarea pasa por la educación y si ésta nos exige más educación, habrá que darla. Siempre será necesaria una tarea pedagógica,  en esto, y en todos los campos de la vida humana.

Patricio Olivera Palacios. Psicoanalista y psicoterapeuta de familia

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