Síntomas

Desde el discurso social, muy influido por la ciencia médica, escuchamos con una frecuencia inusitada, ciertos nombres que se le dan a “ciertas” enfermedades” de nuestro tiempo y a las que corresponden a un tiempo anterior, se le han cambiado los nombres. El marketing lo exige. Lo que antes era un dolor de cabeza, en algún otro tiempo jaqueca, hoy se le llama fibromialgia; estar cansado, agotado sin considerar porqué, se le llama, depresión, fatiga crónica; lo que antes conocíamos como ciclotímico en el caso de las neurosis, maníaco depresivo en el de la psicosis, su nombre moderno es “bipolaridad”. Podríamos seguir.

El psicoanálisis en la mayoría de los casos y después de considerar numerosas clasificaciones nosológicas (enfermedades psiquiátricas), durante el siglo pasado, entiende que en su gran mayoría, se trata de síntomas, manifestaciones no habituales que irrumpen en nuestra vida y nos causan un severo malestar, en muchos casos muy difícil de soportar.

Cuando el humano nace, el cambio que sufre al pasar de un estado de bienestar pleno, a una realidad con un sin número de estímulos, su primera experiencia, sus primeras sensaciones son de enorme angustia, total indefensión. Estas primeras experiencias le marcan de por vida y desde entonces y con ayuda de sus auxiliares, su madre, su padre u otros, va inventando defensas para sobrevivir. Desde entonces la angustia y la inseguridad ya no le abandonaran y todo cuanto hace es para hacer soportable este malestar. Efectivamente lo consigue, pero ante cualquier situación nueva, difícil, desagradable, que lo aleje del placer, recurrirá a viejas defensas, si han servido para calmarle o inventará nuevas. Todos estos malestares, depresión, ansiedad, trastornos obsesivos compulsivos, autismo, paranoia, vómitos, mareos y muchos etcéteras, son derivaciones de esa primordial angustia. De cómo la afrontemos en cada momento de nuestra vida, dependerá el bienestar o el malestar, la salud o la enfermedad, lo normal o lo anormal.

La Fundación Anna O se crea para atender esta situación de indefensión del ser humano, quiere poner orden en este discurso social que nos invade por todos lados y nos confunde o hace creer que lo que tenemos es una enfermedad grave, una locura y que somos anormales. Trata todos estos malestares como síntomas, alertas de que algo está pasando, al igual que el dolor o el miedo, nos avisan que algo pasa. Esta es la tarea que realizan los terapeutas del Programa para atender a Mujeres en Crisis. Que puedan desprenderse del sometimiento al discurso social opresivo, agresivo, autoritario y que lograda una libertad recuperada, la mujer se haga dueña de su vida y de sus deseos. Esto es posible, lo ha venido haciendo la Fundación durante 20 años y con más de 12 mil mujeres. Todo es cuestión de empezar.

Patricio Olivera Palacios

Psicoanalista y psicoterapéuta de familias.

Sitio Web: www.fundacionannao.org
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