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Internet. El mundo virtual. Sus excesos y sus límites. La predominancia de la mirada.

Publicado en la revista   “Encuentros”  editado por el ilustre colegio oficial de psicólogos de Andalucía Oriental. Septiembre 2013.

No podemos negar el gran aporte de la tecnología facilitando y posibilitando la comunicación y la interacción entre los sujetos en la  sociedad de nuestro tiempo.

Internet se encuentra  en el centro de la organización social y nadie podría prescindir de este adelanto tecnológico.  Las redes sociales nos ofrecen  con su oferta  el nuevo paliativo para las problemáticas más importantes de la condición humana, la comunicación y su expresión mas sublime el lazo social, que en su definición promueve una relación real entre dos seres en un vínculo de moderación y  respeto mediado por la palabra.

Es en este sentido es que podemos interrogar ¿que orden de experiencia nos plantea Internet? ¿Cuáles son sus excesos y sus límites?

Es desde este avance tecnológico y su trascendencia en el mundo, que podemos  hacer referencia a una pregunta que realiza Giorgio Agamben en su texto, “Historia e infancia”, acerca de la interrogación por la  experiencia. O dicho de otro modo ¿En que consiste que un hecho cotidiano se transforme en una rica experiencia?

 

Podemos afirmar  que Internet  nos ofrece y    establece para este   universo virtual  un nuevo ritmo que consiste en la   aceleración de la experiencia cotidiana.

En este sentido podríamos decir que   Internet se ha convertido  en el  nuevo  y más importante vinculo social entre los seres humanos de todas las edades.

¿Cuando y porque surgen las problemáticas unidas a su utilización? ¿A que nos induce este nuevo universo que nos propone la realidad virtual?

Internet ha promovido un cambio radical en la relación del sujeto consigo mismo, en su subjetividad  y en los ejes del tiempo y del espacio. Nuevas y falsas identidades se asoman por el cristal del ordenador, formas inéditas de socialización que abre el abanico de todos los goces.  Además nos propone  un dominio de la imagen en desmedro del rasgo más esencial de la condición humana la palabra como pacto sostenido en una presencia real de los cuerpos.

Por otro lado la  presencia de la ciencia indudablemente  promueve “La tiranía de la imagen,” que va acompañada sin duda por esa imagen cautivante que nos muestra la pantalla del ordenador. Un acceso virtual  inmediato a la realidad de otro  sin ningún tipo de filtro. Todos somos iguales frente a la pantalla del ordenador.

En nuestra cultura existe una  sobrevaloración de la  imagen que desde la  mano de   la ciencia    va en socorro de la decrepitud y la decadencia  del cuerpo a la que estamos destinados todos los humanos como  marca del cuerpo viviente.

Somos   sujetos mirados,  observados, por las cámaras  a través de las nuevas lentes que todo lo permiten, desde el ordenador o desde esa pantalla  digitalizada del móvil.  Se viven  virtualmente las emociones  que nos ofrecen los escenarios mas increíbles, podemos incursionar libremente   y  entrar a formar parte de la intimidad de cualquiera  bajo las  ficciones de la vida,  de la guerra, de la vida amorosa,  del sexo  y de la amistad.

Somos reconocidos por la pantalla  y aspiramos a entrar en la vida de todos, a compartir su tiempo, sus escenas íntimas  y sobretodos las cosas   “a  no faltar por  un instante ante  esa mirada que nos reconoce”. La dimensión del tiempo ha sufrido una revolución, la prisa,  la inmediatez, la aceleración  es parte de lo cotidiano.

Contamos con aparatos de última generación  que nos procurarán que todo encuentro sea posible, en la medida que  no hay distancia ni limites.

Desde las diferentes geografías   todos somos iguales,  transformando  nuestra identidad a la carta      y asi se tiene la seguridad de alcanzar al semejante.

En los medios volvemos a encaramar a  la imagen acompañada  por el liderazgo de la puesta en escena constituyendo los  grandes pilares de esta devoción por la imagen,   ofreciendo el espectáculo  a la mirada  que es omnisciente , que no pide más que alimento para la visión , un menú a la carta  que  nos muestra  que somos todos iguales frente a  Internet. No obstante,  no dejamos de reconocer  que sin duda Internet es una de las mejores herramientas del siglo  y solo  intentaremos cercar  donde se encuentran sus desbordes  y  cuales son sus causas.

Por otro lado la sociedad consumista va perfilando ciertos ejes donde el lugar del deseo singular y particular  se va desdibujando, pasando a constituirse en una necesidad “lo que quiero lo tengo”  configurando una meta de completud, donde el todo es posible. Y esto tiene una incidencia importante en los modelos  e ideales que se promocionan.

Desde el ordenador se desarrollan nuevos ritmos, nuevos espacios que pasan a conforman ingredientes  de nuestra identidad. En la consultas de adolescentes,  podemos observar el cambio de ritmo en el reposo, presencia del día en la noche, (muchos jóvenes duermen de día y de noche es la ocasión de vivir, “la  vida virtual”).

El exceso se produce frente a lo que se presenta como  compulsión a permanecer conectado.

En el campo de la clínica podemos decir que la mayoría de las consultas por agresividad, impulsividad o de aislamiento o desconexión  tienen en su base  la medida de este  nuevo tiempo cibernético, un  tiempo que transcurre sin demora.

La inmediatez surca los ideales del sujeto  franqueando lo imposible,  hacia una promesa de acceso a la felicidad  por medio del consumo de aparatos simuladores que proponen  alcanzar  la felicidad sorteando todos los frenos que una relación cara a cara conlleva.  Objetos listos para llevar y habitar, no hay duda ni titubeo en el encierro del cuarto del adolescente o el adulto.

El materialismo consumista se asoma detrás de la pantalla. Juegos para la destrucción, juegos para la guerra, juegos para el amor y para le sexo.

Trampa para la mirada, todo puede ser revelado, sin velo, sin cortinas. Garantía de éxito en esos nuevos vínculos sociales, el fetiche de nuestro siglo mediatizado por el poder de la imagen.

De los excesos y sus razones

La adicción a Internet representa una  compulsión donde  el sujeto se va alejando cada vez más de la prueba de realidad.

Que sucede en este  mundo  compuesto por  estos   fetiches modernos  que garantiza el cumplimiento de todos los deseos.

¿Es que el universo  virtual de la mirada suple el encuentro cara a cara? ¿Se tratará  de eludir  el encuentro real? ¿La presencia del cuerpo ha  dejado  de tener protagonismo? ¿Las relaciones amorosas  face to face se encuentran  devaluadas?

Conocemos por constitución que la palabra es ya una presencia hecha de ausencia.  La falta es el motor del deseo.

La palabra dirigida a un  otro en su presencia es medio de unión, de pacto,  de compromiso  y de cuestionamiento.

¿Es que de lazo social con el semejante   se ha ido   degradando bajo este imaginario que todo se logra?  Es suficiente una experiencia  con una  imagen detrás del cristal del ordenador?

¿Es la tecnología la responsable de esta nueva tiranía de la imagen?

Estas situaciones de exceso y abuso de Internet se presentan sobretodo en los adolescentes que se encuentran en un tiempo  de formación de su identidad, de reacomodación de sus ideales  y de cierta precariedad de su personalidad y normalmente desencadenan patologías. Muchas veces Ignoradas por el medio familiar.

¿Qué significa prescindir del encuentro  corporal con el otro,  de la presencia de una palabra que hace ruborizar, de la vibración del cuerpo, de la emoción y el nerviosismo previo a un encuentro?

¿Es que las nuevas tecnologías y su adicción permiten  paliar y anular el sentimiento de estar vivo?

Quizás podemos concluir que los lazos por Internet no son en si mismo patológicos pero si se constituyen en un lazo de dependencia y se convierten  en el medio de desencadenar lo oculto, lo que ya existía en un lugar oscuro y desconocido. La angustia, la soledad o la fragilidad emocional  que habita al sujeto.

En la metamorfosis de Ovidio, tenemos el mito de Narciso,  que cautivado por su imagen se olvido de ser. La fascinación de esa imagen engañosa, fue aniquilante.  Encerrado en la burbuja de su propia completud  quedo excluido del intercambio con su semejante, con su prójimo. Un lugar de lazo social inexistente.

En mi experiencia clínica  hablar de adicción supone   trabajar con la compulsión, es decir,  algo que fuerza a repetir y la imposibilidad de  sustraerse por me dio de la voluntad a esa idea o pensamiento. Muy típico en la neurosis obsesiva   y que hoy se nos presenta como esa voluntad de conexión en permanencia donde  no se puede  prescindir y  donde  subyace una clara dependencia.

Actualmente es típico observar  una pareja sentada en una terraza  donde ninguno de los dos dirige la palabra al otro, la mirada perdida en la pantalla concentrados en el móvil y viviendo asi  una ausencia de lazo sensible. Eludiendo la vibración que emana de la realidad del otro.

Cuando la entronización de  la tecnología  es el único medio que tiene el sujeto de comunicación, es cuando suena  la  alarma   para interrogar  cuales son las causas de este desfasaje en este  desencuentro con el semejante. Ausencia  de lazo con el prójimo.

En los casos tratados se Impone en la base de esta imposibilidad de contacto con el otro, un  orden nuevo donde se encuentra el  automatismo y robotización que hiere en lo más hondo a la condición humana  dejando afuera la sensibilidad de la palabra y la presencia real del cuerpo.  Excluyendo el lugar fundamental de la añoranza, de la ausencia, que en ese anhelo, vuelve a disparar el mecanismo del encuentro. La presencia real del otro  que es de lazo amoroso, de tiempo de espera, muchas veces  de desencuentro y de una respuesta que coloca un  enigma o  un decir que no se capta en su certeza.

La posibilidad de Ausencia  instaura  un volver a intentar, de una presencia sensible  con el otro cuerpo, de la emoción del nerviosismo que lo delata  y   que emana de ese cuerpo.

Si debemos considerar que en la sociedad de hoy existen bajo este modelo cibernético  el refugio para algunos  seres donde la imposibilidad de desconectarse de Internet  permite descubrir vidas  automatizadas que no encuentran su lugar en el mundo.  Atravesados por el Aislamiento,  la  soledad y problemáticas  de identidad.

En mi experiencia clínica donde la adicción por la cibernética se evidencia     se constata que no es simple acción voluntaria, es compulsión frente a la imposibilidad de encontrar una respuesta que funcione como paliativo de  la ansiedad y la angustia.

La dependencia  de Internet no esta movilizada simplemente por la adicción, sino que para que se produzca una adicción existe bajo esa apariencia una precariedad de personalidad que roza la angustia, la inhibición y el síntoma. Cuando decimos dependencia, queremos decir, compulsión  y es  la única realidad a la que esta sometido el sujeto.  No hablamos de la utilización de Internet como rico  recurso o como una  diversión o juego o como parte de otros recursos frente a la vida, en un lazo medido.

Esta dependencia, de Internet facilita y reemplaza el lazo social con el Otro se sustrae al juego del riesgo del encuentro con el otro y  a la apuesta por un nuevo deseo colocado en otro.

Algunos dicen que promueve el deseo ¿Qué tipo de deseo? ¿Un deseo rebajado al estatuto de la necesidad? un deseo plastificado, que deviene de una pantalla, donde la visión del otro, (bajo la apariencia de lo más íntimo) se confronta a una voz  fría por ser virtual y que  adolece del calor necesario de un encuentro real  donde  la palabra  esta afectada por la presencia del otro.

Una voz fría por virtual que  envuelve al sujeto  haciéndolo  participe de una tecnología que lo aprisiona, cuando no sabe quien es…  y a donde va…, cuando es lo único recurso  que existe como motivación como  encuentro con un lazo que apacigüe la ansiedad.

Búsqueda de una satisfacción inmediata, simultanea.  Sin espera,  sin  demora, sin desfallecimiento.   Acompañando esta posición alerta con la puesta en escena de todos los fantasmas que tienen que ver con lo anónimo.

Síntomas como  el  insomnio, la agresividad o la imposibilidad de   de actuar por fuertes inhibiciones y  de  tomar decisiones es uno de sus efectos, y son los motivos de las consultas que recibimos.

El exceso y abuso de Internet en todas sus expresiones,  promueve una  Autosatisfacción  que se envuelve al sujeto en su misma oscuridad, provocando una burbuja que mantiene su encierro.

Este probado clínicamente que desencadena y destruye  lazos matrimoniales, de pareja, que produce trastornos en la rutina  del niño. ¿Pero es el ordenador? son los videojuegos? ¿Son las redes sociales?

Son solo un parte de la historia. Funciona como desencadenante de una vida previa, solitaria, angustiante, donde el Otro compañero, no tiene su lugar.

En una entrevista por agresividad y pasaje al acto un paciente comentaba  que tenía  550 amigos  ínter nautas, se jactaba de ello  pero la realidad le mostraba que no había uno con el que pudiera contar. Aislado  de  lo familiar refugiado en su cuarto,  solo respondía con violencia,  no podía conciliar el sueño ni de día, ni de noche. La inclusión en esta lógica del tiempo y del espacio y la promoción de la relación al semejante le permitió incluirse en la rutina de la palabra.

Este modo de vínculo social muestra en su silenciamiento variadas patologías de la subjetividad. Normalmente se llena el vacío  de la pregunta por el ser o la identidad  con  liberación catártica  que permite la red.

Esta liberación induce a  actos propiciatorios de lo anónimo, de la invasión de la intimidad, del ataque al pudor, de los excesos que nos muestran  que no hay división entre un acto publico y privado  donde   se pierden los limites.

Una exposición ante  la pantalla, que solo muestra al ojo  mirón y fisgón.  Esto lo vemos en los casos extremos, donde el sujeto no tiene relación con la realidad.

La dependencia a Internet facilita y reemplaza el encuentro cara a cara con el semejante,  pues permite una comunicación inmediata y confortable donde se elude toda presencia real.  El universo virtual ofrece una especie de burbuja autosuficiente  que  aleja  al sujeto cada vez más de la realidad cotidiana.

Los adolescentes son los más frágiles, porque están en un momento de reacomodación de la identidad.

En los adultos, estas compulsiones que promueven  momentos solitarios, de autosatisfacción tienen como base profundos problemáticas con la identidad sexual. Todos estos casos nos muestran una degradación y pérdida de lo que es una de las experiencias más ricas en la vida,  el lazo  social con todas sus problemáticas, mediado por la presencia del cuerpo y la palabra. Tanto en los padres e hijos, como en los jóvenes.  La consulta al psicoanalista   permite abrir un campo desconocido, enigmático, hacia una conexión profunda con la subjetividad  singular, particular e  histórica de cada quien.

 

Ana Cristina Carlos Fregenal

Psicóloga y psicoanalista.

Miembro acreditado de la Sección clínica del ilustre colegio de psicólogos de Andalucía oriental

Docente  de psicoanálisis de cursos de interés docente sanitario reconocido por la junta de Andalucía. Psicoanalista  de La fundación Anna O.

Psicoanalista miembro de Discurso Freudiano escuela de psicoanálisis

 


 

Bibliografía

Jacques Lacan “Escritos I. capitulo IV“Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”,  “La agresividad en psicoanálisis”Escritos  Siglo XXI Editores, 2003.

Jacques Lacan. “El estadio del espejo como formador de la función del yo “.Escritos I. Siglo XXI editores, 2003.

Jacques Lacan. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Libro XI. Capitulo VI. La esquizia del ojo y de la mirada. Editorial Paidos, 1986

Giorgio Agamben. “Infancia e Historia”. Adriana Hidalgo Editora, 2010.

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