Pegagogía Feminista, Naturaleza y Cultura

(Respuesta a la carta que Lucrecia Rubio escribe a El País, 30/05/12 enlace a artículo)

Este pequeño artículo acerca del feminismo y los ataques que recibe, me resulto interesante y su tono me gustó. Empieza refiriéndose a los ataques que recibe este movimiento y a la ignorancia de quienes lo hacen. No menciona al hombre como enemigo de la mujer y como causante de esos ataques. Se refiere a la naturaleza de la mujer y afirma que el feminismo no atenta contra la naturaleza de la misma, “niega que exista tal cosa”.

Lo que normalmente se escucha, en esta larga, profunda y fundamental reivindicación de la mujer, es que los hombres son quienes las han sumido en esa condición de madres, cuidadoras e inútiles para todos los demás quehaceres de la vida. Que esa situación de sometimiento, de desvalorización, de falta de reconocimiento en otras actividades que no sean el ejercicio de la maternidad, se debe por el recalcitrante machismo de los hombres.

Ese “normalmente” al que aludía,  (voz de la mayoría social, de administraciones, políticos y medios de todo tipo) convierte esta lucha de la mujer en una guerra contra los hombres, brutales, egoístas, criminales en potencia o en acto. El planteamiento de ésta mujer me gusta porque casi por primera vez, no se apoya en esa barbarie de los varones. Pero también me permite usar y ahondar en un concepto que entiendo fundamental para comprender esta situación de hombres y mujeres. Es el concepto de Naturaleza.

La humanidad en su largo devenir, ha dado pasos de gigante desde la prohibición del incesto, Ley inaugural de la civilización, hasta hoy, para vencer y equilibrar lo que plantea desde siempre la Naturaleza. El macho genitor, una vez consumada la cópula,  abandona a la hembra y va en pos de otra  que lo reclama. Se desentiende inmediatamente de su partenaire sexual y sigue su camino, aquel que le marca la Naturaleza. La hembra, preñada, se prepara para recibir a su cachorro desentendiéndose del macho ocasional y cuando llega el momento del alumbramiento, su cuerpo, antes preparado para albergar a esa criatura hasta el momento del nacimiento, lo está ahora para alimentarlo y cuidarlo. Esta dinámica de la vida de todos los mamíferos, en los que se incluye el ser humano, es desde el origen.

La primera Ley fundamental de la cultura, la prohibición del incesto,  propone hacer uso de un elemento distintivo y diferenciador en la especie humana y que es la palabra, la posibilidad de hacer uso de la simbolización en el encuentro con otro. Se intenta desde ese primer momento inaugural, aparcar el uso de la fuerza, ordenar las pulsiones desatadas, establecer normas que hagan posible una convivencia de otro orden. También en esta tarea, el humano lleva siglos trabajando, pero no solo la mujer, también el hombre.

La figura del padre en su función es un efecto del trabajo de la cultura (la educación). En el resto de los mamíferos, no existe el padre, solo el semental. En nuestra especie sí, resultado de la acción de los hombres, varones y mujeres en el afán de hacer posible una convivencia de otro orden, de considerar al otro, contar con él, de respetarle, de poder organizar una vida conjunta planificada entre los dos. Tanto una como otro, tienen un lugar determinante en este plan de vida conjunta.

Acción de la cultura es que la mujer se haya hecho dueña de su cuerpo desde que existe el control de la natalidad. Ella puede decidir qué hacer con su cuerpo y mucho más, con su vida. Si quiere o no ser madre, si quiere organizar su vida con otros proyectos y esto por fin, lo hace. Actualmente se intenta conciliar el ser madre con un trabajo fuera de la casa. Ya no solo desde colectivos feministas, sino desde actuaciones gubernamentales concretas. Todos, unas y otros, y muchas generaciones, hemos participado en este sorprendente proyecto que es la humanidad.

Estas desigualdades que se denuncian, no viene solo del varón, sino que existen desde la naturaleza y es desde la cultura, que se van consiguiendo ciertas igualdades posibles y que sin ninguna duda, se han conseguido ya, de manera notable. No tengo ninguna duda, la tarea pasa por la educación y si ésta nos exige más educación, habrá que darla. Siempre será necesaria una tarea pedagógica,  en esto, y en todos los campos de la vida humana.

Patricio Olivera Palacios. Psicoanalista y psicoterapeuta de familia

Patricio Olivera Palacios

Psicoanalista y psicoterapéuta de familias.

Sitio Web: www.fundacionannao.org
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