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Infidelidad o adulterios discretos

Consideraciones a partir del artículo AUDULTERIO de Rosa Montero en El País, del  6/XI/2012.
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Una conocida cronista de El País, nos cuenta el éxito que tiene una empresa en estos tiempos de crisis con el negocio de los “adulterios discretos”,  y reflexiona sobre ese  fenómeno de siempre que es  la infidelidad.  Dice  que nuestro país encabeza el ranking de países que consumen este producto, y cuenta en su cartera de clientes con  800 mil españoles en la red.

Estamos de acuerdo que el adulterio es algo natural, nace de la insatisfacción consustancial del ser humano, hiancia por la que se cuela el deseo. De este modo ni el amor más rutilante llega a colmarnos plenamente, siempre queda un resquicio para algo más. No es necesario para  cruzar la mirada con un otro  que la relación con el partenaire oficial no funcione o padezca de muchos defectos. Siempre seremos fallidos, incompletos y por tanto bien dispuestos para nuevos deseos.  Su puesta en acto dependerá de nuestras decisiones.

¿Esto justifica la infidelidad..?, ¿se trata de una recomendación saludable para mujeres y para hombres..?, ¿es una propuesta más de esta cultura del espectáculo y el entretenimiento como la nombra un nobel español..?, ¿se trata de un divertimento sin mayores consecuencias..?

Toda prohibición alude a deseos, no siempre confesados de los humanos, y nuestra cultura occidental  y cristiana se estructura desde la ley mosaica, en consecuencia, “no desear la mujer de tu prójimo”, una de sus máximas,  está siempre presente en nuestro sello de fábrica. Ocurre que con la convivencia, una vez instaurada la primera ley, la de la prohibición del incesto, los humanos hemos aprendido a buscar acuerdos,  a consensuar,  a renunciar a impulsos y motivaciones individuales, con el fin de articular un mejor entendimiento con el otro. Esto ha supuesto incorporar en nuestras vidas pactos y compromisos serios, con los que hemos alcanzado buenos niveles de respeto por esos otros, nuestros semejantes, se trate de mujeres  o de hombres. Entre ellos encontramos el de la fidelidad.

La sexualidad, al menos en los humanos, no es un ejercicio de “mete y saca”, es bastante más. Mal que nos pese, está íntimamente ligada a nuestras emociones y lo que puede ser un divertimento para unas, puede suponer dolor para el otro. Lo penoso de este articulillo que motiva estas consideraciones, es que la conclusión pasa por la igualdad del porcentaje de infidelidades entre varones y mujeres, con lo que queda abolido el “ñoño mito de la fidelidad femenina”. ¡Al fin nos hemos igualado con los hombres! proclama la periodista.  No importa que esa igualdad pase por actos que degradan o atentan la dignidad  humana pensante, la del sujeto que siente y padece, más allá del género de turno.

Nos sorprende aún más la autora de estas reflexiones cuando se estremece de gozo al enterarse que estos juegos clandestinos mejoran sensiblemente la imagen y la salud de las mujeres, mientras en los hombres el mismo quehacer les empobrece, causándoles nuevas arrugas en su rostro y fuertes culpas en su alma. ¡Bien!, el triunfo de las féminas  es por goleada.

Es posible que podamos comprender que la infidelidad  puede ser una alegría si una o uno la desea, pero de  ningún modo “gratis” para nadie, estemos o no en tiempos de crisis.

Patricio Olivera Palacios Málaga, 7/11/2012.

Patricio Olivera Palacios

Psicoanalista y psicoterapéuta de familias.

Sitio Web: www.fundacionannao.org
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