Patricio Olivera Palacios

Patricio Olivera Palacios

Psicoanalista y psicoterapéuta de familias.

URL del sitio web: http://www.fundacionannao.org

Del Caos a la Responsabilidad (o no), esa es la cuestión.

A veces se piensa que porque el humano nace de una madre, es bueno, completo y no necesita de nada, ni de guía. El estado de indefensión con que nace es brutal : ¿en manos de quién habré caído?. Este estado de necesidad es caótico y dura mucho tiempo; la dependencia Madre-hijo, hijo-Madre, es total, sin saber la criatura que hará ese otro con él.  La tarea de esos padres o tutores, es sacar a esa criatura de la irresponsabilidad total, prepararla progresivamente, para que cuando llegue a grande, a adulto, a su mayoría de edad, esté en condiciones de valerse por si mismo, autónomo y responsable.

Es interesante recordar cómo llamó Freud al niño: “perverso polimorfo”. No sabe de límites, ni de tiempos de espera, ni de lo que es el deseo, ni que el otro existe. Su forma de funcionar y expresarse es pulsional. Esta manera de ser es normal en el infante, pero si perdura, no se le educa, cuando llegue a adulto, estaremos ante un perverso, o sea, no estará preparado para controlarse e intentará hacer lo que le da la gana, pasando por encima de la realidad. En ese primer tiempo, es un salvaje y hemos de trabajar para que se convierta en un ser civilizado.

Este trabajo que es la educación desde la cuna y que esta en manos de la madre, el padre o tutor no es frecuente que se dé así y el humano lactante entonces,  permanece en ese estado de necesidad, de dependencia, no ya mucho tiempo, sino que puede que toda la vida. Dependiente y “mamón”, siempre en la posición de necesidad, boca abierta, no para de pedir. El alcohol como otras químicas,  es un sucedáneo de ese alimento que le proporcionan desde afuera, terceras personas, madres, esposas o sustitutas. Esas químicas de consumo ocioso produce efectos: excita, obnubila el control y autoriza los actos mas prohibidos. Le hace creer ilusoriamente que puede con todo, se siente omnipotente. Esta irrealidad, situación del adicto de lo que sea,  no solo le perjudica a él, sino a toda la familia. La dinámica familiar termina siendo caótica, como los inicios de aquel humano que nace. En ese estado, ante cualquier frustración, emerge desde lo mas profundo aquel ser primario y salvaje de sus inicios en la vida.

¿Qué pasa con el tema de la enfermedad, muy en particular con el alcohólico?
Una de las dificultades de los diagnósticos es poder alcanzar un acuerdo operativo, claro, eficaz y eficiente entre los médicos y los jueces. Cabría incluir en esta deliberación a los psicólogos y cómo no a los psicoanalistas, ya que nos sentimos autorizados para decir cómo se estructura el sujeto.  Lo que se intenta saber es el grado de conciencia que tiene el humano en sus actos y muy específicamente, en actos en donde se atenta contra la integridad de sí mismo y de terceros. Se intenta saber de su responsabilidad. El consumidor de sustancias que alteran la percepción, son concientes de que lo que meten en su cuerpo, les altera, por eso consumen. Ante experiencias anteriores, excitantes, o tranquilizantes repite voluntariamente, sabe lo que hace y se altera una vez ha consumido.

El criterio de la OMS es atajar los efectos de un problema tan grave en el mundo entero como es el consumo adictivo del alcohol y otgras sustancias y ha creído que dándole la categoría de enfermedad, la gente y los gobiernos se lo van a tomar con mayor seriedad y de ese modo implementarán medidas para combatirlo.

Una lectura psicoanalítica sobre el copncepto de enfermedad. Las personas, guiadas por el Principio de Placer tienden a instalarse en la comodidad. Un enfermo psiquiátrico, cuando se le dice que va a ser ingresado, se resiste, no quiere, le asusta verse encedrrado y entre locos. Finalmente cuando sale de un ingreso, cambia de opinión: en el Hospital, en la Clínica estaba muy bien, lo tenía todo, era cuidado, le daban de comer, dormía bien, etc. En cuanto se siente un poco mas angustiado de lo habitual, pide ser ingresado, o produce actos “locos” para que lo internen. Esto pasa también con delincuentes comunes; en la calle su angustia se agudiza y hacen lo que sea para ser detenidos e ingresados nuevamente en prisión, no soportan ciertos montos de angustia. Con las etiquetas pasa algo así, uno tiene carnet de enfermo y esto habilita a ser un demandante y la familia a atenderle porque esta enfermo, no es un delincuente, sino un enfermo. Esto lo podemos observar hoy día con el tema de la crisis. Si que la hay, pero hay mucha gente que hasta hace muy poco vivía por encima de sus posibilidades y que hoy no se aviene a vivir con lo justo. La crisis le ha facilitado el carnet de paro, esta justificado que no trabaje.

Ojo con la familia. De harta de tener que soportar todo lo que hace un drogadicto dentro del hogar, fuera de él, o cuando retorna perdido del todo, se le pide para su recuperación que lo cuide. Y la familia se agarra a esto como a un clavo ardiendo: no es malo, esta enfermo, ya no tengo que plantearme qué hacer con esta vida mía. O sea, a seguir aguantando.
Mi manera de entender la ayuda de la familia, pasa mas por una actitud clara de exigencia, que por una incondicional comprensión. Hay que ayudarle para que pase de una posición pasiva a una posición activa. El exceso de comprensión, nos puede llevar a justificarlo todo.

Corolario: la educación comienza cuando nace el hijo. Cuando se llega a la pubertad, a la adolecencia, la estructura esta muy consolidada, con lo que las posibilidades de cambio existen, pero son muy dificiles.

Patricio Olivera Palacios

Málaga. Enero 2012

¿Qué me ocurre? ¿Estoy loca?

El saber es una condición que determina al ser humano. Sin embargo, son muchas las situaciones que vivimos de manera insatisfactoria, con un claro malestar a veces físico, otro psíquico y las más de las veces emocional y no sabemos lo que nos pasa. Este malestar nos angustia y hacemos cosas para alejarlo como si se tratara de un mal pensamiento o la mismísima peste. ¿Esto supone que estamos locos?, que estamos enfermos?, ¿Que somos anormales? Ciertamente, no. Pero lo que hacemos para aligerar este aumento de la angustia vital, sí nos acerca a lo anormal, a lo enfermo, a la locura.

Dejar pasar el tiempo

Engaños, mentiras, malos entendidos, arrepentimientos, promesas, amenazas, rupturas, denuncias, insultos, abandonos, buenos propósitos, decepciones que se repiten, volver a empezar, miedos, inseguridades, no saber qué hacer y muchas más cosas, son el pan de cada día de mujeres, de hombres, de parejas, de la convivencia familiar y laboral. Ese flujo de sensaciones y sentimientos, esa inteligencia que se obtura y nos impide pensar y decidir con criterio, es lo que nos pasa por estar vivos y vivir en compañía. Ni locos, ni enfermos, ni anormales.

El problema entonces es qué hacer cuando nos invade ese malestar, a veces insoportable y que nos paraliza y no nos deja vivir en paz. Hay quienes aconsejan esperar, dejar que pase el tiempo que todo lo cura; has como si no pasara nada, no te compliques la vida, que a todos nos pasan esas cosas. Estas y más, son los consejos de amigas, vecinas, madres, hermanas y primas.

El tiempo sin más, no cura, más bien agrava los males. No debemos permitir que el malestar se instale, debemos tomarlo como un alerta, un aviso importante que algo está pasando y que si no lo atendemos, eso irá a mayores. El problema, el que sea se agrava.

Esto lo vemos en la Fundación Anna O, en el Centro de Atención a Mujeres en Crisis. Crisis, cambios para bien o para mal y es aquí donde interviene el programa psicoterapéutico. Este programa para mujeres, presta una escucha a todos esos malestares y a partir de allí trata de saber qué está pasando, qué lo causa para así poder efectuar los cambios que cada una entienda y le permita recuperar el bienestar perdido.

No hay que esperar, hay que llamar y pedir ayuda y entonces la Fundación le proporcionará el saber de su escucha. No lo dude y llame, mejor hoy que mañana. Después usted se lo recomendará a su amiga.

 


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Síntomas

Desde el discurso social, muy influido por la ciencia médica, escuchamos con una frecuencia inusitada, ciertos nombres que se le dan a “ciertas” enfermedades” de nuestro tiempo y a las que corresponden a un tiempo anterior, se le han cambiado los nombres. El marketing lo exige. Lo que antes era un dolor de cabeza, en algún otro tiempo jaqueca, hoy se le llama fibromialgia; estar cansado, agotado sin considerar porqué, se le llama, depresión, fatiga crónica; lo que antes conocíamos como ciclotímico en el caso de las neurosis, maníaco depresivo en el de la psicosis, su nombre moderno es “bipolaridad”. Podríamos seguir.

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