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Las mujeres y el amor/malos – tratos. El masoquismo

Ana Cristina Carlós es psicoanalista vinculada a Fundación Anna O. y  miembro de Discurso Freudiano Escuela de Psicoánalisis

La complejidad del tema de la mujer y el sufrimiento nos invita abordar estos casos desde una perspectiva interdisciplinaria y desde diferentes perspectivas.

El psicoanalisis ha puesto en tela de juicio las apariencias, para profundizar en los lazos amorosos entre los seres humanos siempre en el límite del conflicto como así lo plantea la propia condición humana y el desarrollo del amor a lo largo de la cultura. El amor se ofrece bajo sus diferentes matices y modalidades, deslizándose desde amor sensual a las pasiones y en sus desbordes a las locuras amorosas donde el sujeto queda a expensas de un otro gozador que dispone de su cuerpo y mente a voluntad.

Es la investigación en su vertiente clínica la que nos guía a los nuevos descubrimientos en relación al masoquismo.

De padres a hijos: diferencias y singularidades.

En la sociedad de nuestro tiempo, observamos cada vez más un efecto perturbador que rompe con cierto orden esperado a partir del progreso y de los avances de la cultura. Y que se manifiesta en un profundo malestar en las relaciones entre padres e hijos.

En los medios, la agresividad en acto, se expresa libremente y traspasa todo límite al manifestarse en agresión, por lo tanto, es de esperar, que este tema se constituya en una fuente de interrogación y trabajo constante para la sociedad y sus instituciones.

En nuestra sociedad, la violencia ocupa cada vez más un lugar destacado. En los medios abundan imágenes, que expresan sin pudor diversas formas de crueldad, mostrando a luz pública agresiones de todo tipo. En nuestros días a la muerte se la mira de cerca, sin velos todo se muestra, todo se exhibe, todo se puede ver.

Agregaríamos que el avance tecnológico que tantos progresos ha ofrecido, nos muestra nuevas formas de relación que no tiene parangón. Es el modo virtual de la comunicación, rompiendo barreras de todo tipo que liberan, aunque a veces esclavizan. Todos somos iguales desde la pantalla del ordenador no hay diferencias.

Sabemos que se puede acceder a cualquier tipo de vínculo con solo encender el ordenador, nace un vínculo confortable que llega a eludir toda presencia real. El lugar del saber esta detrás de la pantalla del ordenador. Hoy en día hay respuesta para todo y más. Si evocamos la presencia real, debemos interrogar el lugar del maestro como modo de transmisión de un saber.

Por otro lado la relación al tiempo, al espacio y al cuerpo, se han alterado en función de estos nuevos ejes de funcionamiento, que han sido generados desde la pantalla, todo está mediado por los reflectores, todo es espectáculo. La puesta en escena atrae la mirada que busca todo el tiempo alimento para el ojo voraz.

Debemos señalar fundamentalmente algo que es notable en nuestra sociedad actual; y que guiara nuestra reflexión que es la caída de los lugares de autoridad tanto para los jóvenes y los niños.

Como consecuencia de esta caída, destacaremos el lugar de impotencia para quien ejerce dicha autoridad, léase padres, maestros y profesores. Esto es moneda corriente. Y es este tema el que requiere ser profundizado.

Podemos partir de la definición de autoridad en una de sus acepciones del diccionario de la real academia española: “.Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.”

 

Hoy este prestigio, se haya profundamente cuestionado y hasta denostado. El lugar de maestros, profesores y padres ha sufrido una declinación importante y de una manera acelerada, siendo denigrados y tratados como personajes de igual a igual donde no existen ni las jerarquías, ni las diferencias.

Un niño de doce años ya es un experto en todos los campos de las relaciones sociales, sexuales etc. Desde el ordenador.

El enigma y la sorpresa sobre algún tema no sabido, hoy en día, se han extraviado. En nuestros días, desgraciadamente, no constituye ningún ideal que alguien se encuentre autorizado por una experiencia de trabajo, donde la palabra contenga un valor fundamental y una dignidad sustentada en una experiencia determinada. Se va perdiendo la dignidad que nos ofrece la palabra como lazo con el otro y como fuente de comunicación y afecto.

Se tratará entonces de interrogar las causas que han hecho enmudecer, el valor de los padres, maestros, como representantes de alguna autoridad. Y no nos referimos a algo del orden del imperativo o una posición totalitaria o autoritaria, porque esto nos muestra justamente, la impotencia de sostener una función.

Los límites entre el semejante y el prójimo deben ser interiorizados desde las figuras esenciales del niño, luego serán transferidas a otros que detentaran este lugar de respeto y es por ello que es necesario que alguien represente ese lugar. Creando un lugar para el deseo, una ley que regule en tanto el orden funda el deseo.

Siempre se omite que poner límites, colocar un orden, una medida representa para nuestros hijos una forma de amor, afecto y sobretodo de responsabilidad. Un legado que será trasmitido a otros.

Podemos afirmar que hace uno tiempo atrás, la figura del padre todavía conservaba una lugar digno, no de veneración, pero podemos decir de respeto, fundando en un dominio donde todos se ajustaba a una ley articulada, donde un acuerdo era posible. En nuestros días, ¿dónde está el maestro?, ¿dónde está el alumno?

¿Cuáles son los motivos que provocaron esta caída estrepitosa, representada en la caída de la autoridad de los padres frente al dominio y tiranía de los hijos? Es de considerar, que la problemática con la autoridad sucede con frecuencia, no solamente en familias con privaciones, sino en las familias acomodadas. Es decir, aquellas que están protegidas por la felicidad del confort y el acceso a casi todos los bienes.

La noción de igualdad que tantos beneficios sociales nos ha traído para la sociedad moderna; sobre todo en el campo de las mujeres, ha mostrado sus excesos y se ha extendido de tal manera, que actualmente son los niños los que pueden comandar una casa, desde la insistencia del niño de su demanda; que es interpretada de forma literal, como una única significación regida por lo inmediato, pura exigencia de algo que no puede demorar, a todo precio sin medida. Nadie puede esperar. .

Solo queda responder y otorgar lo demandado porque en el mundo del consumo todo es posible, nada tiene que faltar. Quizá con mayor exactitud, se trataría del menú que el mercado de consumo ordene para alimento del niño.  ¿Y esto vale solo para el niño? Creemos que no, sino que el adulto que ha conservado al niño que ha sido, sostiene ese tesoro escondido fuente de toda satisfacción.

De modo tal que la conclusión es, que a un niño “no se lo debe privar de nada”. Dirá Sigmund Freud: “His Majesty the Baby”, su majestad el bebe, esto es el reino del narcisismo.

Qué paradoja se nos plantea, cuando justamente es la privación, la instalación de un orden de y un límite, lo que producen un deseo ordenado. Todo no se puede, es imposible. El todo siempre engendra calamidades, tenemos ejemplos en la historia de la humanidad. Es la falta lo que nos permite un deseo ordenado.

Necesitamos volver a confiar en el encuentro que la palabra suscita, como pacto de respeto y amor para que la convivencia sea más fructífera bajo las diferencias y las singularidades como efecto de la cultura.

 

Bibliografía consultada:

LA FAMILIA. JACQUES LACAN, Ed. ARGONAUTA (ARGENTINA), 1997.

 

INTRODUCCION AL NARCISISMO Y OTROS ENSAYOS.SIGMUND FREUD, ALIANZA EDITORIAL, 2012.

 

Ana Cristina Carlos Fregenal.

Docente de formación Fundación Anna O

Analista miembro Discurso Freudiano escuela de psicoanálisis. Málaga, 21 de enero 2013.

De padres a hijos: diferencias y singularidades.

Internet. El mundo virtual. Sus excesos y sus límites. La predominancia de la mirada.

Publicado en la revista   “Encuentros”  editado por el ilustre colegio oficial de psicólogos de Andalucía Oriental. Septiembre 2013.

No podemos negar el gran aporte de la tecnología facilitando y posibilitando la comunicación y la interacción entre los sujetos en la  sociedad de nuestro tiempo.

Internet se encuentra  en el centro de la organización social y nadie podría prescindir de este adelanto tecnológico.  Las redes sociales nos ofrecen  con su oferta  el nuevo paliativo para las problemáticas más importantes de la condición humana, la comunicación y su expresión mas sublime el lazo social, que en su definición promueve una relación real entre dos seres en un vínculo de moderación y  respeto mediado por la palabra.

Es en este sentido es que podemos interrogar ¿que orden de experiencia nos plantea Internet? ¿Cuáles son sus excesos y sus límites?

Es desde este avance tecnológico y su trascendencia en el mundo, que podemos  hacer referencia a una pregunta que realiza Giorgio Agamben en su texto, “Historia e infancia”, acerca de la interrogación por la  experiencia. O dicho de otro modo ¿En que consiste que un hecho cotidiano se transforme en una rica experiencia?

¿Qué es un psicoanalisis?

La palabra, como oráculo, como destino ha sido utilizada desde los albores de la humanidad en su estatuto de revelación. Sueños proféticos que iluminaban y guiaban los destinos.

Del sueño a la pesadilla algo del espíritu humano se muestra y fue el psicoanalisis el que encontró las claves más esenciales del sueño en el campo de la palabra y el lenguaje. Esto es lo que constituye el antecedente del valor de la palabra y es el eje central de la cura en un psicoanalisis en el intento de dar luz a las causas del malestar del sujeto que consulta.

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